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Fiestas de San Jorge Mártir

Cada año, en el mes de abril, Palos de la Frontera se engalana para rendir homenaje a su patrón, San Jorge Mártir, con unas fiestas llenas de tradición, devoción y alegría. Estas celebraciones combinan actos religiosos con actividades lúdicas y culturales para todos los públicos.

Las festividades suelen comenzar con el Pasacalles de Gigantes y Cabezudos, que recorren las calles del municipio, seguido de la inauguración del alumbrado y una degustación popular de habas enzapatás. Durante el fin de semana, se organizan conciertos, espectáculos infantiles, corridas de toros y la tradicional Fiesta del Fresón, donde se pueden degustar los famosos fresones de la localidad.

El punto culminante de las fiestas es la procesión de San Jorge Mártir, que tiene lugar el domingo por la tarde. La imagen del santo, que se encuentra en la Iglesia de San Jorge Mártir, es acompañada en un recorrido por las calles del pueblo .

Romería Virgen de los Milagros

Cada último fin de semana de agosto, Palos de la Frontera se viste de gala para celebrar su romería en honor a la Virgen de los Milagros, patrona del municipio y del Monasterio de La Rábida. Esta festividad, llena de fervor y tradición, es una de las más destacadas del calendario palermo.

La imagen de la Virgen de los Milagros es una escultura gótica de alabastro del siglo XIV, venerada por su vinculación con el Descubrimiento de América. Se dice que Cristóbal Colón y su tripulación le rezaron antes de partir en su primer viaje. En 1993, fue coronada por el Papa Juan Pablo II, quien la proclamó «Madre de España y América».

A principios de agosto, la Virgen es trasladada desde el Monasterio de La Rábida a la Iglesia de San Jorge Mártir en Palos de la Frontera. Durante este mes, se celebran diversos actos en su honor, como la novena y la ofrenda de flores. Al finalizar agosto, la imagen regresa al Monasterio, dando inicio a la romería. Los fieles, ataviados con trajes flamencos, la acompañan a pie, a caballo o en carrozas, en un recorrido lleno de alegría y devoción.

Una vez en La Rábida, los romeros se instalan en los tradicionales «ranchos», donde se vive un ambiente festivo con música, baile, comida y bebida. La convivencia se complementa con actos religiosos, como el rosario de antorchas el sábado por la noche y la solemne misa y procesión del domingo. El lunes, tras la misa de despedida, la imagen regresa a la parroquia de San Jorge Mártir, concluyendo así las festividades.

Feria medieval

Cada mes de marzo, en el fin de semana más cercano al día 15, Palos de la Frontera se transforma en un auténtico escenario del siglo XV para celebrar la Feria Medieval del Descubrimiento, conmemorando el regreso de Martín Alonso Pinzón, a bordo de la carabela de La Pinta, al puerto palermo el 15 de marzo de 1493, tras la histórica expedición de Cristóbal Colón. 

Durante la feria, las calles del casco antiguo se engalanan con decoraciones medievales y los vecinos se visten con trajes de época, recreando el ambiente de una villa del siglo XV. El evento comienza con un gran desfile medieval, en el que participan más de 400 figurantes recorriendo la Avenida de América para escenificar la llegada de los marineros del descubrimiento al puerto de Palos. 

El Mercado Medieval se ubica en el entorno de la Iglesia de San Jorge y allí se venden todo tipo de productos artesanales. Además, durante la feria se celebran pasacalles, teatrillos, demostraciones de oficios artesanos, espectáculos de fuego, exhibiciones de cetrería, esgrima, lucha medieval o tiro con arco. También se cuenta con actividades infantiles.

Río Tinto

El río Tinto es una auténtica seña de identidad de la provincia de Huelva y, en particular, de la comarca del Condado. Naciendo en la Sierra de Padre Caro, en la localidad de Nerva, este río recorre aproximadamente 100 kilómetros antes de desembocar en la ría de Huelva, donde se une al río Odiel.

Declarado «Paisaje Protegido», tiene unas características que lo hacen único tanto desde el punto de vista paisajístico como medioambiental, debido a la acidez de sus aguas y al altísimo contenido de metales pesados y sales ferruginosas que le confieren una gama de colores rojizos que le dan su peculiar aspecto. Esta apariencia única ha convertido al río en un recurso también para el turismo científico y fotográfico.

Además, esa acidez hace que no exista la clásica vegetación de ribera en sus bordes y que sus orillas tengan unos colores ocres que le dan un aspecto de otro mundo. No en vano, sus características únicas han llevado a la NASA a investigar sus aguas debido a su importante parecido con el planeta Marte.

Uno de los elementos característicos de este río son los molinos harineros, construidos durante varios siglos debido a la riqueza cerealista de la provincia, que se encuentran a lo largo de todo su curso. Estos molinos de agua forman parte del patrimonio histórico-industrial de la comarca del Condado de Huelva, donde se pueden encontrar hasta 23 repartidos por los términos municipales de Paterna del Campo, La Palma del Condado, Villarrasa, Niebla, Moguer y Palos de la Frontera.

Torre del Río del Oro

La Torre del Río de Oro, conocida popularmente como la Torre del Loro, es una torre almenara declarada Bien de Interés Cultural, situada en el límite de los términos municipales de Palos de la Frontera, Almonte, Moguer y Lucena del Puerto. Su denominación da nombre a la playa de Torre del Loro. Se encuentra en ruinas junto a la desembocadura de un arroyo, entre la orilla del océano Atlántico y los pies del acantilado.

La torre se citaba a inicios del siglo XVI como una poderosa atalaya pero un informe de Pedro Mateos de 1748 contiene los graves daños que un temporal causó en los cimientos de la torre, amenazando con arruinar hasta un tercio de los mismos.

En la década precedente unos temporales habían desnudado los cimientos de la torre, causando alarma, pero otro temporal cubrió el hueco abierto por el primero, por lo que la alarma quedó acallada. Ambas reparaciones tenían la complicación técnica de reforzar los cimientos sobre firme de una torre ubicada sobre la arena y completamente rodeada por el mar en pleamar. La solución empleada fue crear un forro de sillares de piedra ostionera hasta los siete metros de altura. En 1756 se aprecia como inevitable la ruina de la torre a largo plazo por su emplazamiento, rodeada de agua y solo accesible en bajamar. Las reformas realizadas en los años anteriores, no obstante, facilita que en 1764 sea observada en buen estado. En 1827 aún figura como torre activa en el Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal de Sebastián Miñano, aunque en 1867 aparece ya como en ruinas en los derroteros de la costa.