Visita 360

Acueducto romano

La antigua ciudad de Tejada se ubicaba en un valle húmedo y fértil que contaba con numerosos manantiales. Es decir, se trataba de un valle de extrema vascularización hidráulica, circunstancias que pronto fueron aprovechadas por los romanos para el abastecimiento de agua para su gran ciudad, Itálica. El acueducto era necesario para llevar agua potable y de buena calidad a termas, edificios de espectáculos, fuentes, edificios públicos y algunos privados, establecimientos industriales y comerciales.

En Itálica ya existía un sistema de doble abastecimiento de agua potable en el siglo I d.C. El primero proviene del río Guadiamar y el segundo, supuestamente, de Tejada, construido en el siglo II d.C. en época adrianea. Nuevos hallazgos arqueológicos evidencian que proviene desde mucho más al Oeste, de las propias fuentes del “Alpizarejo”, aguas de muy buena calidad por la cercanía a la sierra. 

En una plazoleta de Paterna del Campo se ha reconstruido, a base de colocar las piezas provenientes del hallazgo arqueológico, un tramo de dicha conducción.

La tubería está formada por dieciocho piezas cúbicas, de aproximadamente 80 centímetros de lado, y que se encuentran empalmadas y ahuecadas unas con otras. Este tipo de piezas fue muy usada por los romanos para dar presión en sus conducciones.

Guarda bastante semejanza con los acueductos de Cádiz, de Pompeya y la conducción de agua de Jerusalén, o el Acueducto de Pátara (Turquía), ya que su construcción es de idéntica factura.

El castillo de Alpízar

El Castillo del Alpízar, distante a 5,5 km del núcleo urbano de Paterna del Campo, se encuentra en una mediana altura (cota 133 m.) dominando todo el valle del Campo de Tejada. Su origen es un verdadero enigma. Restos romanos, árabes y medievales aparecidos en este bello enclave y sus alrededores nos llevan a pensar que su origen se remonta a la más remota antigüedad.

Era una fortaleza que defendía una de las rutas más transitadas de la antigüedad. De sus inmediaciones partía el Acueducto Romano de Itálica, que  aún se puede contemplar.

Esta edificación posee planta trapezoidal, está flanqueada por cuatro torreones cuadrangulares en las esquinas (conservándose dos de ellos con almenas y merlones escalonados) y consta de un patio central o de armas adaptado a la residencia de los dueños en la actualidad. Hasta el siglo XVIII el castillo conservaba una quinta torre o “del homenaje”, junto a la puerta primitiva, una puerta de arco de herradura con vistas a Tejada. 

Tras la conquista castellana de estas tierras, el Castillo del Alpízar pasó a manos de los templarios y posteriormente, tuvo innumerables propietarios, comenzando por Juan Mathe de Luna (en 1291), camarero mayor de Sancho IV, hasta que el 7 de agosto de 1516 fue vendida a D. Diego Colón, hijo de Cristóbal Colón, almirante y virrey de las Indias. La Catedral de Sevilla, los Pérez de Guzmán, los Zúñiga, los Duques de Medina Sidonia, Portocarrero y Medinaceli son instituciones y familias nobles por las que pasa en siglos posteriores la propiedad del mismo. En 1863, siendo su propietario José María Domínguez Cáceres, un rico hacendado de Paterna del Campo apodado “el rico andaluz”, se abre la puerta sur del castillo con doble arco de herradura. Los más recientes dueños han sido el Conde de Bustillo o los Hermanos Doblas de Paterna, hasta llegar a Emilio Panduro Cadaval, maestro cantero de Gerena que gestó su fortuna en la Exposición Iberoamericana de Sevilla en el año 1929, y que fue su último propietario, propiedad que aún en nuestros días está en manos de sus descendientes.

Ruinas de Tejada la Nueva

Son los restos de la muralla de la ciudad de Tejada que aún quedan. El amurallamiento de la ciudad tuvo una primera fase constructiva en época romana, aprovechando la ondulación de la colina sobre donde se asienta.

Actualmente, se puede apreciar a simple vista la existencia de diecisiete torres grandes y macizas, que poseían una elevada altura de al menos 15 metros, aunque es probable que existieran algunas más. También tenía tres puertas: la puerta de San Jorge al norte; la puerta de la Reina Mora, que daba entrada por el suroeste al camino que unía Paterna del Campo con esta plaza y la antigua calzada romana que venía desde el Algarve; y, por último, la puerta de Sevilla, que estaba ubicada al este. De la muralla apenas quedan vestigios, pero ha sido partícipe de importantes hechos históricos.

Fue Tejada, denominada en época romana como Tucci o Itucci, considerada patria de Pompeya Plotina, esposa del emperador Trajano, según ciertas tradiciones sevillanas. También la ciudad y su muralla, ahora bajo el nombre musulmán de Talyata sufrieron en el año 229 (843 d. C.) una definitiva derrota de los “Machus” (normandos o vikingos). Fue también durante esta época cuando se produce uno de los hechos más sonados del que fue escenario Talyata: era el año 622 (mayo-junio de 1225 d.C.), cuando los musulmanes sevillanos sufrieron una gran derrota en las llanuras de Talyata, a manos de los cristianos del Algarve. Y finalmente, tras la conquista de la ciudad por Fernando III el Santo, la ciudad pasa a ser conocida como Tejada, aunque continuó permaneciendo bajo poder musulmán y su reyezuelo o alcaide Hamet, que pasó a ser su tributario. Sería en el año 1253 cuando Alfonso X El Sabio la reconquistó definitivamente, pasando a manos cristianas. Tras un intento fallido de repoblación, a partir del siglo XVI, Tejada entraría en tal decadencia que caería en el olvido más absoluto, en beneficio de sus alquerías: Castilleja, Escacena y Paterna del Campo.

Iglesia parroquial de San Bartolomé Apóstol

La silueta del templo parroquial y de su esbelta torre domina el valle del “Campo de Tejada”. Situado en lo alto, sobre la plaza principal del pueblo, presenta al exterior el peculiar perfil de su torre fachada, a cuyos pies se abre su “Puerta del Perdón”.

Su origen constructivo es todo un enigma, aunque hay pinceladas que aclaran algo. Un manuscrito del año 1760, refiriéndose a Paterna, dice: “antes de la general pérdida de España, era ya población, según lo acredita la obra de su templo contemporáneo a los mismos muros de Texada”. En otra fuente escrita unos años más tarde, en el año 1773, se dice: “Después de ganada Paterna por el Santo Rey, se erigió la Iglesia Parroquial de San Bartolomé en el mismo sitio que ocupaba la Mezquita, aprovechándose la mayor parte como igualmente su atalaya”.

 

De igual modo, algunos detalles de su propia estructura actual como su elevada altura, la corpulencia de sus pilares interiores y contrafuertes exteriores, una techumbre totalmente abovedada o los numerosos detalles gótico-mudéjar que posee (con un ramillete de almenas que circundan el templo parroquial) podrían indicar que tras la conquista de estas tierras por Alfonso X El Sabio en el año 1253, este daría orden  de reconstruir la antigua mezquita con un fin tanto espiritual como defensivo. 

 

La presencia templaria en la zona del Campo de Tejada en los primeros años de la Reconquista está sobradamente contrastada. La fuerte devoción de estos “freires” o “Caballeros del Temple” al Apóstol San Bartolomé, podrían ser el origen del nombramiento del nuevo templo cristiano.

El terremoto de 1755 la destruyó parcialmente, procediendo a su reconstrucción al siguiente año. Estas obras fueron dirigidas por D. Pedro de Silva, Maestro de Obras de Arquitecturas y Aparejador Mayor del Arzobispado de Sevilla. En 1934 volvió a ser destruida por el incendio intencionado en los años convulsos anteriores a la contienda civil, siendo reconstruida nuevamente y conservándose así hasta nuestros días.

En su interior destacan dos imágenes, sobre todo por su antigüedad. Por un lado, la del Santísimo Cristo de la Misericordia, un crucificado de estilo gótico del segundo tercio del siglo XVI, de autor anónimo sevillano, presumiblemente atribuido a Bernardino Ortega.  Procesiona en la actualidad en el Paso del “Santo Entierro de Cristo”, en la noche del Viernes Santo, en la cofradía del mismo nombre. Por otro lado, la Imagen del Patrón San Bartolomé, talla de Jerónimo Hernández, maestro de Martínez Montañez, del año 1568. Posee un espléndido archivo con documentos que se remontan al  siglo XVI.

Monumento Plus Ultra

El Monumento al Plus Ultra se erige en La Rábida como tributo al histórico vuelo del hidroavión Plus Ultra, que el 22 de enero de 1926 partió desde el Muelle de la Calzadilla y llegó a Buenos Aires el 10 de febrero del mismo año, marcando el primer vuelo transoceánico entre Europa y América.

La escultura, inspirada en el mito griego de Ícaro, representa una figura humana alada de pie sobre un alto pedestal en forma de obelisco. Fue realizada por el escultor argentino Agustín Riganelli y donada por el pueblo argentino a España en 1929 como símbolo de hermandad entre ambas naciones.

Monumento a Colón

Ubicado en los jardines que rodean el Monasterio de La Rábida, el Monumento a Cristóbal Colón es una de las obras más representativas del legado histórico y simbólico de Palos de la Frontera. Esta escultura, realizada por el artista sevillano Alberto Germán Franco con motivo del V Centenario del fallecimiento del almirante, fue promovida por el Ayuntamiento de Palos de la Frontera y la Real Sociedad Colombina Onubense como homenaje al papel crucial que tuvo Colón en el encuentro entre dos mundos.

El monumento se integra con armonía en el entorno natural de La Rábida, entre cipreses y senderos que invitan al recogimiento y la contemplación. La figura de Colón se presenta en actitud serena y decidida, con una expresión que transmite la determinación y el peso histórico de su empresa. La elección del lugar no es casual: muy cerca de este punto, el navegante encontró apoyo espiritual y logístico para preparar su viaje hacia lo desconocido, y fue precisamente desde el cercano puerto de Palos desde donde partió la expedición en agosto de 1492.

Más que un simple homenaje escultórico, esta obra invita a reflexionar sobre los acontecimientos que marcaron el inicio de la Edad Moderna. Para quienes recorren los Lugares Colombinos, la visita al monumento supone una experiencia emocional y simbólica, ya que permite conectar de forma directa con uno de los episodios más trascendentes de la historia universal. La serenidad del entorno, junto con la fuerza expresiva de la escultura, hacen de este espacio un rincón imprescindible para comprender el significado profundo del viaje de Colón y el papel singular que jugó Palos de la Frontera en aquella gesta.

Ideal para quienes buscan enriquecer su visita con historia, arte y paisaje, el monumento a Cristóbal Colón es una parada obligatoria dentro de la Ruta del Descubrimiento. Desde su inauguración, se ha convertido en un emblema del municipio y un lugar de referencia para conmemorar la herencia colombina que define la identidad cultural de esta tierra.

Ayuntamiento de Palos de la Frontera

La fachada del edificio del Ayuntamiento data de 2018 y es un compendio de alegorías sobre el Descubrimiento de América y elementos propios del municipio.

De abajo a arriba, dentro de la arcada de soportales, pueden verse varias cartelas con lugares representativos de la localidad. Además, bajo el balcón central, se muestra un óvalo del patrón de la localidad, San Jorge Mártir. 

Por su parte, la representación de unas cadenas sobre la entrada, recuerdan la estancia real en el consistorio de S.M. los Reyes de España en 1981 y 1992 respectivamente; y las distintas ménsulas que sostienen los balcones y la voladura del tejado presentan, de forma alterna, anclas y corazones provenientes de la bordura del escudo heráldico de la ciudad que, a su vez, los toma del blasón concedido por el emperador Carlos a la familia Pinzón. 

Dentro del balcón, se pueden apreciar los Reyes Católicos junto a sus escudos de armas sobre las ventanas. A la izquierda de esto, Aragón, junto a Fernando II que sostiene en su mano la Real Provisión o Pragmática del 23 de mayo de 1492 (sanción impuesta ciertos vecinos de la villa por los Reyes Católicos, por medio de la cual se ordenaba la entrega de dos carabelas completamente “aderezadas e prestas” al servicio de Colón) y a la derecha, Castilla junto a la Reina Isabel I.

 

Obelisco de Palos

El Obelisco de la Partida es un monumento conmemorativo que rinde homenaje a la partida de las naves descubridoras desde Palos de la Frontera en 1492. Está ornamentado con azulejos pintados que reproducen los frescos «Poema al Descubrimiento», del pintor Daniel Vázquez Díaz, que también se encuentran en el Monasterio de La Rábida. 

Este obelisco se sitúa en la Plaza Pilar Pulgar, un lugar emblemático que forma parte de la ruta histórica de la localidad. La plaza lleva el nombre de la primera alcaldesa de la Democracia en España. 

El Obelisco de la Partida no solo es un símbolo de la gesta colombina, sino también una muestra del arte y la cultura que caracterizan a Palos de la Frontera. Su presencia en la plaza invita a locales y visitantes a reflexionar sobre el papel crucial que tuvo esta localidad en el descubrimiento del Nuevo Mundo.

 

Muelle de las Carabelas

El Muelle de las Carabelas es uno de los espacios más emblemáticos de la Ruta de los Lugares Colombinos y un referente de la provincia de Huelva en cuanto a divulgación histórica y cultural. Inaugurado en 1994 con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América, se ubica en el paraje de La Rábida, muy cerca del lugar desde donde partieron las tres carabelas en 1492.

Este enclave reúne una fiel recreación de las embarcaciones que protagonizaron la travesía oceánica que cambió el curso de la historia: la Santa María, la Pinta y la Niña. Construidas en los astilleros de Isla Cristina y Punta Umbría entre 1990 y 1992, estas réplicas permiten al visitante subir a bordo y conocer de forma cercana las condiciones de navegación de la época, así como la organización y los recursos de la expedición.

El conjunto museístico que rodea el muelle incluye un centro de interpretación, una recreación de un puerto medieval castellano, una villa portuaria del siglo XV y un espacio llamado “Isla del Encuentro”, que evoca el primer contacto entre los europeos y los pueblos originarios de América. Todo ello convierte al Muelle de las Carabelas en una experiencia inmersiva y didáctica que pone en valor no solo los hechos históricos del primer viaje de Colón, sino también las consecuencias culturales y humanas que derivaron de aquel encuentro entre mundos.

Por su rigor histórico, su accesibilidad y su atractivo visual, el Muelle de las Carabelas se ha consolidado como uno de los lugares más visitados de Andalucía occidental y una parada imprescindible para quienes deseen comprender el alcance del viaje de 1492.