La antigua ciudad de Tejada se ubicaba en un valle húmedo y fértil que contaba con numerosos manantiales. Es decir, se trataba de un valle de extrema vascularización hidráulica, circunstancias que pronto fueron aprovechadas por los romanos para el abastecimiento de agua para su gran ciudad, Itálica. El acueducto era necesario para llevar agua potable y de buena calidad a termas, edificios de espectáculos, fuentes, edificios públicos y algunos privados, establecimientos industriales y comerciales.
En Itálica ya existía un sistema de doble abastecimiento de agua potable en el siglo I d.C. El primero proviene del río Guadiamar y el segundo, supuestamente, de Tejada, construido en el siglo II d.C. en época adrianea. Nuevos hallazgos arqueológicos evidencian que proviene desde mucho más al Oeste, de las propias fuentes del “Alpizarejo”, aguas de muy buena calidad por la cercanía a la sierra.
En una plazoleta de Paterna del Campo se ha reconstruido, a base de colocar las piezas provenientes del hallazgo arqueológico, un tramo de dicha conducción.
La tubería está formada por dieciocho piezas cúbicas, de aproximadamente 80 centímetros de lado, y que se encuentran empalmadas y ahuecadas unas con otras. Este tipo de piezas fue muy usada por los romanos para dar presión en sus conducciones.
Guarda bastante semejanza con los acueductos de Cádiz, de Pompeya y la conducción de agua de Jerusalén, o el Acueducto de Pátara (Turquía), ya que su construcción es de idéntica factura.



