Visita 360

Sendero Charco de la Boca

El sendero del Charco de la Boca, de dificultad baja y una longitud de 3,8 km, comienza en el patio delantero del centro de visitantes La Rocina. Se desarrolla en varios trazados contiguos que permite organizar el recorrido en función de tus intereses. El recorrido se dirige hacia la orilla del arroyo a través de un pinar bajo el que se extiende un tapiz de herbáceas. El pino piñonero es una especie cuya aparición en la zona está documentada desde el siglo XVIII y que hoy constituye uno de los paisajes más identificativos de Doñana.

El primer observatorio se asoma al último tramo del arroyo en donde el cauce se vuelve ancho y somero. En las épocas en que la zona permanece inundada y un sinfín de aves pueblan estas aguas. A continuación, el sendero se adentra en la Algaída del Carrizal, afluente del arroyo que se cubre de una abundante vegetación. La pasarela sortea sauces y carrizos, ofreciendo una visión privilegiada de las zonas inundadas.

Una vez atravesado el caño continúa el pinar, que ocupa todo el recorrido hasta acceder al segundo observatorio sobre el arroyo. Tras éste aparece la Algaida del Meloncillo, otro caño que lleva agua hasta el arroyo. En ambas orillas el suelo se ha cubierto de un denso helechal como transición hacia la vegetación de ribera que cubre el cauce. Destacan varios ejemplares de grandes alcornoques situados muy cerca del agua junto a los sauces. En este punto el sendero se bifurca ofreciendo la opción de continuar por la pasarela o internarse de nuevo en el pinar.

Esta segunda pasarela desemboca en un terreno llano y despejado, ocupado por el monte blanco, en el que los pinos van dejando paso a una cubierta de jaguarzo blanco acompañado de varias aromáticas como romero, cantueso o almoradux. En el entorno del arroyo el suelo es más húmedo y rico y la vegetación se diversifica apareciendo acebuche, coscoja, lentisco o palmito.

Siguiendo el otro ramal del sendero, volverá a adentrarse en el pinar para desembocar, de nuevo, en la Algaída del Carrizal, donde los carrizos dominan la perspectiva. Entre ellos se enzarzan especies trepadoras que sostienen así sus tallos largos y flexibles buscando las zonas iluminadas; zarzaparrillas, madreselvas, correhuelas y zarzamoras crean una maraña densa e intrincada.

Al abandonar la pasarela el sendero evoluciona junto al caño, ofreciendo una visión panorámica de las diferentes formaciones vegetales que se suceden en sus orillas, desde los pinares más alejados hasta el manto de carrizos y eneas que ocupan el centro del cauce, pasando por alcornoques, helechales y saucedas, en una gran diversidad de estratos, colores y formas.

Sendero Laguna del Jaral

La laguna del Jaral es un gran claro en un bosque de pinos. Este sendero requiere de un esfuerzo considerable, ya que discurre por terrenos arenosos con desnivel. Sin embargo, el atractivo del paisaje de contrastes lo compensa con creces. Partiendo de la carretera y de la zona lagunar próxima, avanzamos entre pinares plantados a mediados del siglo para impedir el avance del médano del Asperillo, un impresionante frente dunar que, elevado a modo de acantilado, asoma al océano Atlántico.

El trayecto permite disfrutar de la duna del Asperillo y de su acantilado, declarado por su valor ecológico y geológico Monumento Natural de Andalucía.

Sendero Dunar

Este enclave es el más importante sistema de dunas vivas o móviles de cuantos persisten en la Península Ibérica y ofrece uno de los paisajes más espectaculares del Parque Nacional de Doñana.

El sistema dunar se extiende a lo largo de 25 km paralelo a la línea de costa y tiene una anchura entre 500 y 5.000 metros, alcanzando una altura de 40 metros en el Cerro de los Ánsares, la duna móvil más emblemática del Parque Nacional.

En el recorrido se encuentran distintos subsistemas: desde las zonas de dunas embrionarias en el borde de la playa hasta el primer corral en el que ya aparecen árboles de gran porte. El paseo finaliza en la playa, flanqueada por los rojizos acantilados a cuyos pies se extienden las finas y blancas arenas.

Observatorio del Lince Ibérico

El actual observatorio del Lince Ibérico se encuentra en el sendero peatonal «Huerto y Pajas», que se localiza junto al centro de visitantes El Acebuche. De camino al observatorio se puede contemplar uno de los paisajes más representativos de Doñana, los «cotos», formado por matorrales de composición heterogénea, en los que sobresalen pequeños bosquetes de pino piñonero con pies dispersos de sabinas, acebuches y alcornoques. Constituye este paisaje el hábitat ideal para pequeños y grandes mamíferos: conejos, ciervos, gamos, jabalíes, meloncillos, zorros, tejones, o incluso linces ibéricos, y ofrece zonas de nidificación ideal para diversas especies como el milano real, el águila calzada, el águila imperial, el cernícalo o el rabilargo entre otros muchos.

La importancia de conservar el hábitat del lince ibérico, especie representativa de este territorio, ha llevado al desarrollo de Programas Educativos y de Interpretación, guiados por personal especializado, que realizan el sendero peatonal y donde se tiene la posibilidad de contemplar varios ejemplares de lince ibérico desde este observatorio.

La visita a este observatorio es gratuita pero es necesario hacer una reserva previamente. Esta reserva puede hacerse en el propio  Centro de Visitantes El Acebuche, a través del teléfono 959 439 629, o bien a través de algunas de las empresas turísticas autorizadas que incluyen esta visita entre su oferta de servicios.

Centro ornitológico Francisco Bernis

Este centro es un paso obligado para todos los ornitólogos y amantes de la naturaleza que visitan este espacio único en el mundo. Aquí se ubican las oficinas de SEO/BirdLife en Doñana, siendo el eje conductor que canaliza una amplia diversidad de actividades de conservación, anillamiento, formación, educación ambiental y voluntariado. Desde sus amplias terrazas es posible observar espátulas, flamencos, moritos, garzas, miles de aves acuáticas y, muy frecuentemente, a la escasa águila imperial ibérica. Gracias a la colaboración de Zeiss, el centro pone a disposición del visitante telescopios y prismáticos de alta gama. Además, el personal experto del Centro, se pone al servicio del visitante para ofrecer la información más especializada sobre las aves de Doñana, los últimos avistamientos de interés, rarezas y datos sobre las mejores rutas. A lo largo de todo el año, este centro oferta un programa muy diverso de cursos formativos, talleres de educación ambiental, campañas de anillamiento científico, charlas y jornadas de voluntariado, actividades en las que cualquiera puede participar.

Centro de visitantes del Acebrón

El Acebrón es una antigua casa-palacio, construida en la segunda mitad del siglo XX que posteriormente ha sido adecuada para la difusión y el conocimiento del patrimonio etnográfico del Parque Nacional Doñana. La exposición Doñana y el hombre ofrece la posibilidad al visitante de conocer diversos aspectos y peculiaridades de la relación de los lugareños con su medio natural. Se muestran desde cómo eran sus chozas o viviendas, construidas a partir de elementos vegetales del entorno, hasta la organización jerárquica de la familia; se profundiza en la dura vida en las marismas y en los oficios tradicionales que se desarrollaban en ella como la caza, la pesca y la ganadería.La muestra, además, trata la evolución actual de otros usos como la siembra del fresón, el turismo o la hostelería. Por supuesto, no se olvidan arraigadas tradiciones como la Saca de las Yeguas o la mundialmente famosa Romería del Rocío.

Centro de visitantes Acebuche

El Acebuche intenta recomponer el mosaico del Espacio Natural de Doñana a través de su exposición interpretativa. Playas, marismas, bosques, dunas y el ecosistema de transición, la vera se integra con la visión antropológica de aquellas actividades desarrolladas tradicionalmente en este medio. La muestra explica también la transformación que sufre el paisaje en las diferentes estaciones y la importancia de este humedal para la conservación de un gran número de aves migratorias. Dispone de programas para centros escolares y Naturaleza para Todos (destinado a personas con discapacidad).

Acantilados del Asperillo

Entre las poblaciones de Matalascañas y Mazagón y siguiendo el sendero de Cuesta Maneli, se halla el Monumento Natural Acantilado del Asperillo, un sistema de dunas fósiles que se extiende a lo largo de doce hectáreas de costa.

Se considera una de las formaciones costeras con características geomorfológicas y ecológicas más singulares de la Península, ya que se trata de un acantilado arenoso formado por la sedimentación de arenas de origen eólico y aluvial, materia orgánica y otros materiales. Las distintas capas fueron depositándose a lo largo del tiempo, para que posteriormente las fuerzas de la tierra las elevaran más de 100 metros. Los materiales más antiguos se estiman que tienen entre catorce y quince mil años.

El oleaje y el viento producen cambios continuos en estas dunas. Desde la extensa playa es posible advertir en sus paredes las distintas tonalidades de naranjas, blancos, ocres y negros que se estratifican originando caprichosas ondulaciones y formas geométricas interrumpidas por cárcavas. Destaca la prácticamente nula vegetación existente en el perfil por las duras condiciones costeras y la acusada pendiente que soportan. En la parte superior, asentadas en las arenas, aparecen aulagas, camarinas, enebros, sabinas y el pino piñonero de repoblación. Este árbol con sus raíces fija las arenas impidiendo el avance de las dunas. En estos entornos habitan especies amenazadas como la tortuga mora, la víbora hocicuda, el lince ibérico o el meloncillo. Adentrarse para contemplar el paisaje o bañarse en alguna de sus playas son algunas de las opciones para disfrutar de este espacio natural protegido.

Cuesta Maneli

La Cuesta Maneli es una playa virgen que se encuentra en el término municipal de Almonte, entre los núcleos costeros de Matalascañas y Mazagón y en el Espacio Natural de Doñana, en el Monumento Natural Acantilado del Asperillo, declarado así por su alto valor geológico y ecológico.

Para llegar a la playa hay que cruzar una pasarela de 1.371 metros de acceso libre que permite recorrer la duna del Asperillo hasta llegar al acantilado. A partir del mirador, unas escaleras salvan el desnivel existente hasta la bajada a la playa.

A través de este itinerario se podrá conocer la importancia de la vegetación en la formación de este ecosistema. Gracias a sus raíces se estabilizan las dunas móviles, asentándose las arenas y evitando su desplazamiento.

Se puede observar una variedad de plantas de escaso porte, que han conseguido adaptarse a las condiciones extremas de esta zona, resistiendo los vientos constantes y las condiciones de sequía, por ejemplo, el barrón, pionera en la colonización de los suelos arenosos; o la camarina, especie exclusiva del litoral atlántico peninsular que posee un pequeño fruto blanco al que denominan la perla de las dunas; u otras más exclusivas como la linaria, así como pies dispersos de pinos, enebros y sabinas. La presencia animal se deja notar por las huellas que dejan impresas a su paso por las arenas y desde el acantilado se puede observar charranes, gaviotas, chorlitejos y correlimos correteando por la playa.

Numerosas especies poseen estrategias para sobrevivir al incendio de las Peñuelas que tuvo lugar en 2017, como el rebrote y la producción de semillas resistentes. Así, y aunque su situación es de extrema fragilidad, con la ayuda de las actuaciones de restauración, buena parte de la vegetación nativa del Asperillo se está recuperando.

Acebuches del Rocío

El acebuche u olivo silvestre es un árbol que antiguamente, junto con los alcornoques y algarrobos, formaban parte del bosque mediterráneo existente en estas tierras. Se trata de árboles bien adaptados a las altas temperaturas y periodos de escasez de agua. Su fruto se llama acebuchina y es una aceituna con un hueso muy grande y poco carnoso. Desde la antigüedad se conocen las propiedades culinarias, medicinales y cosméticas de su fruto. De hecho, el hombre a lo largo de la historia fue cruzando esta especie buscando ejemplares de fruto más carnoso hasta conseguir las distintas variedades de olivos que han llegado a nuestros días.

La importancia de estos acebuches estriba en que se conservan como un reducto del bosque autóctono mediterráneo y algunos de ellos son muy longevos como el que denominan El Abuelo, considerado el ser vivo más viejo de Doñana con una edad estimada en más de seiscientos años.

Muy cerca de esta plaza se encuentra la marisma a la que los almonteños denominan la Madre de las Marismas. Aquí comienza el Parque Nacional de Doñana y, exceptuando épocas estivales en la que permanece normalmente seca, es un excelente lugar para observar las aves que pueblan este espacio natural. La visita a esta zona puede completarse por un paseo por las calles del Rocío y la entrada a la ermita de la aldea.