La ruta entre Villalba del Alcor y Paterna del Campo ofrece un recorrido de aproximadamente 11 kilómetros, ideal para quienes buscan una experiencia de senderismo que combina naturaleza y patrimonio histórico.
El trayecto comienza en Villalba del Alcor, tomando la carretera de Berrocal. Tras recorrer unos 2,5 km, se abandona esta vía para incorporarse al camino Sevilla-Huelva. A lo largo del recorrido, se atraviesan veredas y caminos rurales, permitiendo observar campos de cultivo que han mantenido su esencia a lo largo de los siglos. La mayor parte del camino presenta una pendiente descendente, facilitando el avance hasta llegar a la vereda de los Aguilones, que conduce directamente a Paterna del Campo.
Al inicio y al final de la ruta, se recomienda visitar los monumentos de ambos municipios. En Villalba del Alcor, destaca la iglesia-fortaleza de San Bartolomé, una construcción de origen almohade declarada Bien de Interés Cultural, y el convento de San Juan Bautista, fundado en 1618 y conocido por su arquitectura y retablos barrocos. En Paterna del Campo, se puede apreciar el castillo de Alpízar, una antigua fortaleza con una portada de estilo almohade, y la ermita de San Isidro Labrador en la aldea de Tujena, que data de 1955 y es centro de una popular romería en mayo.
Finalizado el recorrido, es posible disfrutar de la gastronomía local en Paterna del Campo, conocida por sus cocidos de garbanzos, dulces tradicionales y chacinas.
La ruta entre Villalba del Alcor y Paterna del Campo ofrece un recorrido de aproximadamente 11 kilómetros, ideal para quienes buscan una experiencia de senderismo que combina naturaleza y patrimonio histórico.
El trayecto comienza en Villalba del Alcor, tomando la carretera de Berrocal. Tras recorrer unos 2,5 km, se abandona esta vía para incorporarse al camino Sevilla-Huelva. A lo largo del recorrido, se atraviesan veredas y caminos rurales, permitiendo observar campos de cultivo que han mantenido su esencia a lo largo de los siglos. La mayor parte del camino presenta una pendiente descendente, facilitando el avance hasta llegar a la vereda de los Aguilones, que conduce directamente a Paterna del Campo.
Al inicio y al final de la ruta, se recomienda visitar los monumentos de ambos municipios. En Villalba del Alcor, destaca la iglesia-fortaleza de San Bartolomé, una construcción de origen almohade declarada Bien de Interés Cultural, y el convento de San Juan Bautista, fundado en 1618 y conocido por su arquitectura y retablos barrocos. En Paterna del Campo, se puede apreciar el castillo de Alpízar, una antigua fortaleza con una portada de estilo almohade, y la ermita de San Isidro Labrador en la aldea de Tujena, que data de 1955 y es centro de una popular romería en mayo.
Finalizado el recorrido, es posible disfrutar de la gastronomía local en Paterna del Campo, conocida por sus cocidos de garbanzos, dulces tradicionales y chacinas.
La ruta por el área forestal de la Pata del Caballo es un itinerario lineal de aproximadamente 23 km de dificultad media-alta. Es apta tanto para senderistas como para cicloturistas, aunque algunos tramos presentan condiciones que requieren precaución.
El recorrido comienza en la campiña de Tejada, en la localidad de Paterna del Campo, y se adentra en el núcleo forestal de la Pata del Caballo, una finca de más de 7.000 hectáreas situada en el término municipal de Escacena del Campo. El trayecto transcurre por caminos agrícolas y pistas forestales, atravesando campos de olivares y zonas de vegetación mediterránea, como jaras y encinas.
A partir del quinto kilómetro, el camino se vuelve pedregoso y se va complicando hasta llegar a la Casa del Carnero. Este es uno de los puntos destacados de la ruta, desde donde se puede disfrutar de vistas panorámicas de la campiña del Condado. Un poco más adelante, por la pista, se podrá tomar la variante corta de la ruta hasta los Pantanos de Castillejos y de allí hasta enlazar con la principal en el cruce de las Gallinas. Si se continúa por la ruta principal, se asciende hasta la Torre del Cejo, uno de los puntos más altos del Condado, que ofrece una de las vistas más impresionantes del entorno.
Un poco más adelante está el desvío del Barranco de los Laureles, , una arboleda catalogada como singular por su valor ecológico; y un poco después la segunda derivación: la casa forestal de Las Contiendas, recientemente restaurada y utilizada para encuentros y reuniones. Son dos opciones muy recomendables si sobran fuerzas. Si no es así, simplemente hay que continuar por la pista forestal, pasando por la Puerta de las Gallinas y La Viguera hasta llegar al final de la ruta: la aldea de Tujena.
Es importante tener en cuenta que algunos tramos del recorrido, especialmente a partir del kilómetro 5, presentan condiciones más exigentes, como caminos pedregosos y zonas húmedas que pueden dificultar el paso de bicicletas.
Esta ruta requiere un esfuerzo comedido, que se ve recompensado con creces por el hecho de transcurrir en una zona cuya historia es de las más interesantes de la provincia.
Por estos caminos anduvieron tartesios, turdetanos, romanos y almohades, antes de la Reconquista. De los primeros, podrá observar restos arqueológicos, siempre que solicite permiso a la Diputación Provincial para visitar el final de la ruta: Tejada la Vieja.
Esta ruta es un recorrido lineal de 8,3 km de baja dificultad que comienza en la aldea de Tejada la Nueva, conocida por la celebración de la romería de san isidro labrador, y sigue por vías pecuarias como la colada del gamonal y la cañada del arrebol. Tras cruzar el puente sobre el arroyo de tejada, el camino discurre paralelo al cauce, rodeado de vegetación como cañas, fresnos y eucaliptos, y campos de trigo y girasol. Al cruzar la carretera hacia Aznalcóllar, el terreno se vuelve más ascendente, anticipando la proximidad de la sierra.
La ruta culmina en el yacimiento arqueológico de Tejada la Vieja, un asentamiento tartésico-turdetano del siglo VIII a.C., situado sobre un cerro amesetado en Escacena del Campo. Este sitio, declarado Bien de Interés Cultural, conserva restos de murallas de hasta cuatro metros de altura, basamentos de viviendas y una red de calles. Desde su punto más alto, se obtienen vistas panorámicas de la campiña y la sierra, incluyendo el cerro de la matanza, asociado a una histórica batalla entre cristianos y musulmanes.
La ruta de las fortificaciones romanas y minas del barranco Abadejo ofrece un recorrido de senderismo de cierta dificultad, ideal para quienes buscan combinar ejercicio físico con el descubrimiento del patrimonio histórico y natural del entorno.
El itinerario comienza en las inmediaciones del complejo minero romano del Torviscoso, situado junto al margen derecho del arroyo Abadejo. Este enclave destaca por albergar un castellum romano, una antigua fortificación que controlaba el tráfico del mineral extraído de las numerosas minas de la zona.
La ruta se adentra en un paraje comprendido entre el valle de las Yeguas y el carril de los Maderos, caracterizado por sus impresionantes vistas, elevadas alturas y profundos barrancos. A lo largo del recorrido, se pueden observar vestigios de explotaciones mineras que datan de épocas prerromanas y romanas, testimonio de la intensa actividad minera que tuvo lugar en la región.
Este sendero no solo permite disfrutar de un entorno natural de gran belleza, sino también conocer de cerca la historia minera y militar de la zona, ofreciendo una experiencia enriquecedora para los amantes del senderismo y la arqueología.
La Ruta Escacena–Paterna del Campo es un itinerario de baja dificultad y aproximadamente 15 kilómetros de longitud, ideal para senderistas y cicloturistas. El recorrido comienza en Escacena del Campo, en las proximidades de la Fuente de la Cañería, y se dirige hacia Tejada la Nueva. En esta aldea, los visitantes pueden explorar la Ermita de San Isidro Labrador, las antiguas murallas de Tejada y los restos de los baños romanos conocidos como la Fuente del Fraile, vinculados a la emperatriz Plotina.
La ruta atraviesa la Campiña de Tejada, caracterizada por campos de cereal y olivares. Al acercarse a Paterna del Campo, el camino se eleva ligeramente, ofreciendo vistas panorámicas desde el Castillo del Alpízar, una antigua fortaleza estratégica catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC).
Este recorrido no solo permite disfrutar de la naturaleza y el paisaje agrícola del Condado de Huelva, sino también descubrir el patrimonio histórico de Escacena del Campo y Paterna del Campo, incluyendo la iglesia del Divino Salvador y la iglesia de San Bartolomé, respectivamente.
Partiendo desde la Aldea de Tujena, se puede realizar una interesante ruta de senderismo, visitando los antiguos hornos de cal de la serranía. Tomando el camino de Santa Ana, se encuentra en primer lugar el llamado “Horno de Moya”. A continuación, el camino continúa hacia Santa Ana y, de allí, al paraje de “la Chata”, donde se encuentra un buen ramillete de estos hornos como los de montaraz, el legionario, Luis la chata, entre otros. Para poder encontrarlos, es necesario ir acompañado por una persona conocedora del terreno.
La elaboración de cal viva y morteros en la sierra de Paterna del Campo suponía la aplicación de una serie de técnicas artesanales que entroncaba con una tradición milenaria extendida por todo el arco mediterráneo. Desde sus orígenes, se transmitieron estas técnicas ancestrales que han continuado sin grandes modificaciones hasta principios de los años sesenta del siglo XX, en los que prácticamente desaparece ante la generalización del uso del cemento. La técnica de cocción de la roca caliza tiene sus orígenes en el Neolítico, no obstante, fueron los romanos los que a finales del Siglo III a. C. emplearon de forma sistemática los hornos para producir cal viva que, posteriormente, era apagada con agua y mezclada con arena, consiguiendo así morteros de gran calidad para sus grandes construcciones.
Este espacio natural está caracterizado por la dimensión y proporción de esta variedad de olivo. Los acebuches u olivos silvestres suelen quedar reducidos a pequeños arbustos, pero en este caso nos encontramos con pies que rivalizan en altura con los olivos tradicionales (Olea europea), y, por tanto, son difíciles de distinguir a simple vista. Abundan también los alcornoques y, sobre todo, las encinas, bajo los que crecen lentiscos y una especie comestible muy apreciada por estos contornos, los espárragos. La explotación de la finca es fundamentalmente ganadera, aunque se produce también un aprovechamiento cinegético.
El acebuchal se sitúa entre dos unidades paisajísticas. Desde Paterna del Campo hasta llegar al acebuchal y al propio Cortijo del Alpízar existen zonas de cultivo extensivo, donde predomina el girasol, los cereales, el algodón y el olivar; pero conforme avanzamos hacia el norte, la llanura se convierte en pequeños cerros donde abunda la vegetación silvestre: jaras, zarzas, coscojas, etc. Luego se alcanzan unos cerros más elevados, que se sitúan sobre el Corumbel y que están poblados en su mayor parte por eucaliptos.
En su interior aún se nota una antigua cantera romana donde se extraían enormes bloques de sillares calizos.
Es un paraje húmedo, de manantiales de agua dulce (de ahí su nombre) con una gran belleza paisajística y una densa vegetación. El camino que lleva hasta el manantial se convierte en una cerrada galería de rosas silvestres, zarzas, helechos, matagallos y zarzaparrilla, propias de los lugares húmedos. El corte en el terreno calizo permite la afloración del manantial, al que los habitantes de la zona se acercan para abastecerse de agua. En los riscos se puede observar cómo las raíces de los árboles y matorrales penetran en el terreno aprovechando los huecos dejados por el agua. Las especies arbóreas más frecuentes en la zona son la encina, el alcornoque y la coscoja.
Las características geológicas del terreno han permitido la formación de pequeñas cuevas que caracterizan la zona. No podemos dejar de visitarlas creadas a lo largo de millones de años por la erosión que le han producido las aguas del Río Corumbel (del latín flumen columbarium, “Río de las Palomas”).
Esta erosión ha formado un acantilado, con una altura media de altura de 180 metros aproximadamente, en el margen izquierdo del río Corumbel. En este acantilado se ha formado una serie de abrigos o cuevas (lapas) de gran belleza, que ofrecen al entorno, junto a su abrupta vegetación, un paisaje sin igual para los amantes de la naturaleza, destacando por su grandiosidad las lapas de San Salvador.
El hábitat de estas lapas o cuevas-abrigos se remonta a la prehistoria. Los materiales de cantos tallados que se encuentran en sus cercanías hacen pensar en su posible ocupación por cazadores-recolectores, constituyéndose como los primeros poblamientos en la etapa paleolítica de nuestra comarca del Campo y Sierra de Tejada.
Esta capilla data de 1980, y se ubica en la calle que lleva su nombre en la actualidad. Su fachada está decorada con artísticos azulejos y rematada por su espadaña y la Santa Cruz. Cuenta con una exuberante decoración interior a base yeserías en tonos rojos y oro, siendo la última modificación realizada en 2023.
En su interior se encuentra entronizada la “Santísima Cruz de Abajo”, que está realizada en madera de cedro, dorada en oro fino y policromada, realizada en 1956 por el escultor onubense José Oliva Castilla, y fuente de devoción de sus fieles devotos. Remata su interior con una interesante cúpula con las figuras de los cuatro Evangelistas rodeando a la Imagen de un Cristo Resucitado, realizada en madera policromada obras del escultor sevillano José María Leal Bernáldez. También posee tallas del Niño Dios y la Imagen de Santa Elena Emperatriz.